Las comunidades Garífunas de Honduras se resisten a los desalojos y robo de tierras

A resident of Vallecito accompany's singers as they preform traditional Garifuna songs. (WNV/Jeff Abbott)

Un residente de Vallecito acompaña a cantantes mientras cantan canciones tradicionales Garifunas. (WNV/Jeff Abbott)

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A lo largo de la costa atlántica de Honduras, las comunidades afro caribeñas garífunas se ven amenazadas por propuestas de creación de proyectos mega-turísticos y ciudades gestionadas por corporaciones, a menudo conocidas como “ciudades modelo”. Como consecuencia de ello, las comunidades garífunas están siendo forzadas a abandonar sus tierras.

En enero de 2015, el vicepresidente de los Estados Unidos Joseph Biden propuso un plan para proporcionar a los gobiernos de Centroamérica 1000 millones de dólares – además de otras ayudas acordadas con anterioridad – para incrementar las inversiones en la zona, con el objetivo de mejorar la seguridad y generar la oportunidad de combatir las causas “raíz” de la migración ilegal.

El plan ede Bide no es mas que la continuación del Tratado de Libre Comercio con Centroamérica y el Plan Mesoamérica mediante la ampliación del mercado energético regional integrado y facilitando a las empresas multinacionales la inversión en enormes proyectos de desarrollo en toda la región que provocarán grandes daños a la comunidad. Este verano el Congreso votará este paquete de ayuda.
Sin embargo, tal y como han señalado los críticos, los planes crearán un retroceso negativo para la gente de la región, incluyendo el aumento de conflictos sociales y la destrucción del medioambiente.

“El gobierno estadounidense está financiando a nuestro gobierno para desalojarnos”, dijo Ángel Castro, residente de la comunidad garífuna de Vallecito. “No están aquí para apoyar a las personas afro decendientes, menos aún al pueblo de Honduras.”

La conexión con el modelo económico de acumulación por desposesión no se pierde en Castro. Y añadió: “Esto es parte del capitalismo y la política del neoliberalismo”.

Los mega-proyectos son sólo uno de los problemas a los que las comunidades garífunas de Honduras han tenido que enfrentarse en los seis años transcurridos desde que el golpe de estado, apoyado por los Estados Unidos, derrocó al entonces presidente Manuel Zelaya. Ahora han comenzado a organizar y defender sus tierras a través de la resistencia noviolenta.

Defendiendo la tierra y la cultura

Las comunidades garífunas llevan siglos viviendo en la costa Atlántica de Honduras y han desarrollado su propia cultura, idioma, comida y música. Son los descendientes de los esclavos africanos y de las poblaciones indígenas Arawak que fueron deportadas de la isla británica de San Vicente en 1797. En la actualidad, las comunidades garífunas abarcan la costa atlántica desde Belice hasta Nicaragua con 48 comunidades en Honduras, en los departamentos de Cortés, Atlántida y Colón.

A principios de los años 1800 el gobierno hondureño dio a las comunidades títulos ilegales de 1,012 hectáreas de tierra. Desde entonces se han encargado de estas tierras colectivamente, alimentándose de la pesca y la agricultura.

Ahora estas comunidades se enfrentan al desalojo para dar paso a la construcción de proyectos de desarrollo apoyados por políticas económicas neoliberales como la Alianza por el Progreso y la Estrategia para el Compromiso de los Estados Unidos en Centroamérica. Además, el creciente interés de los narcotraficantes y las plantaciones de aceite de palma africana han forzado a las comunidades a abandonar sus tierras.

“Todos sufrimos la misma situación,” dijo Selvyn, de la comunidad de Porto Cortez. “Todos estamos siendo desalojados de nuestras tierras. El Estado ha decidido excluir a las comunidades del diálogo nacional.”

Pero frente a los desalojos para facilitar la creación de mega proyectos, y amenazados por narcotraficantes fuertemente armados, las comunidades garífunas han decidido dedicarse a la resistencia noviolenta para defender su territorio.

Rows of African palm for the production of palm oil welcomes visiters to Vallecito. African palm has spread like a virus across Garifuna territory and Honduras. (WNV/Jeff Abbott)

Filas de palma africana para la producción de aceite de palma dan la bienvenida a visitantes de Vallecito. La palma africana se ha propagado como un virus a lo largo del territorio Garifuna y de Honduras. (WNV / Jeff Abbott)

En agosto de 2012, miembros de las comunidades a lo largo de la costa atlántica de Honduras reclamaron el corazón de su territorio de la invasión de los narcotraficantes, los proyectos de mega turismo y la expansión del aceite de palma. Fueron ellos quienes fundaron la comunidad de Vallecito en el territorio que los garífunas consideran sus tierras ancestrales, a un kilómetro y medio del mar.

Al igual que en muchas culturas indígenas, la tierra y el mar están vinculados a la identidad del pueblo garífuna y son cruciales para la continuación de su sociedad. Las comunidades sostienen que el asalto de su territorio es también un ataque a su identidad y cultura.

“El mar y la playa son esenciales para el pueblo garífuna”, dijo Guillermo, un residente de Vallecito. “Es parte de mi vida; que es lo que significa ser garífuna”.

La resistencia noviolenta que utilizan para defender su tierra es también parte de la identidad garífuna.

“El pueblo garífuna es un pueblo pacífico”, dijo Yilian Maribeth David, desde la organización de base Organización Fraternal Negra Hondureña (OFRANEH). “Nunca hemos utilizado armas o la violencia en la lucha por la recuperación de tierras, ni tampoco en las manifestaciones en las principales ciudades contra las violaciones de los derechos de nuestra gente.”

Las comunidades garífunas no han recibido clases ni entrenamientos en las tácticas noviolentas. Más bien, su dedicación a la noviolencia proviene de su religión.

“No se nos ha enseñado acerca de las luchas pacíficas”, dijo David. “Más bien, la espiritualidad garífuna es el mantenimiento de la práctica de la lucha pacífica. Esto se debe a que nuestra religión se basa en la creencia en ancestros que dan señales en sueños y visiones de cuándo y cómo llevar a cabo una actividad y también indican en qué momento hay que parar. Todo esto lo lideran los chamanes”.

Pero la situación de estas comunidades se está deteriorando y su resistencia pacífica está siendo contraatacada con violencia.

Una situación que se deteriora

En los años transcurridos desde el golpe de estado, los inversionistas han encontrado un nuevo apoyo del gobierno cuando roban la tierra de las pequeñas comunidades campesinas e indígenas. En este ambiente los garífunas se han organizado para defender sus tierras.

“Las comunidades no van a vender sus tierras”, dijo Celso Alberto, de la comunidad de Santa Fe. “Así que el gobierno ha estado expropiando las tierras.”

La industria del turismo ha ido creciendo a lo largo de la costa de Honduras desde mediados de los 90. Pero en los últimos tres años, los proyectos de desarrollo turístico se han ampliado, y también lo han hecho los desalojos. Localidades costeras de las comunidades garífunas se han visto despojadas de sus tierras para la construcción de proyectos de mega turismo.

Los proyectos forman parte del Plan de Mesoamérica, que promueve la creación de un corredor turístico de Belice a través de Honduras a lo largo de la costa. Las comunidades sostienen que estos proyectos no les benefician y sólo mercantilizan su cultura.

“Las personas sólo vienen a consumir la cultura, beber el té gifi y vernos bailar”, dijo César Leonel, un joven garífuna y miembro de la Red Mesoamericana de Radios Comunitarias. “Se hospedan en hoteles en territorio garífuna, donde puede que sólo haya dos o tres garífunas trabajando.”

Además, la ubicación de las comunidades las hace vulnerables a la invasión de los productores de aceite de palma y los narcotraficantes. Por lo tanto, la defensa del territorio también ha llegado a significar la defensa contra estas industrias legales e ilegales. Si recuperan las tierras, las comunidades garífunas podrán seguir frenando el transporte de narcóticos a través de su territorio.

Cesar Leonel plays a drum in the center of the Vallecito community, as the three soldiers sit at the periphery of the gathering. (WNV/Jeff Abbott)

Cesar Leonel toca el tambor en el centro de la comunidad de Vallecito, mientras tres soldados están sentados en a periferia de la reunión. (WNV/Jeff Abbott)

Desde 2012, la comunidad de Vallecito ha evitado con éxito, a través de su presencia permanente, que los narcotraficantes locales reconstruyan un punto de tránsito a lo largo de la costa, que fue destruido por el ejército hondureño. Sin embargo, las comunidades se han enfrentado a la intimidación y la violencia por parte de los traficantes.

El gobierno de Honduras respondió a estas amenazas mediante el despliegue de un pequeño grupo de soldados para “proteger” a la comunidad garífuna. Ahora tres soldados están permanentemente en la entrada del territorio de la comunidad. Pero los miembros de la comunidad de Vallecito no ven las ventajas de la presencia de los soldados.

“El ejército es sólo la imagen de la protección”, dijo Guillermo. “Cambian los soldados cada mes, así que no se acercan demasiado a nuestro movimiento.”

A pesar de los éxitos contra los narcos, las comunidades garífunas todavía siguen siendo vulnerables al desalojo para dar paso a proyectos turísticos.

“El Estado está vendiendo nuestras tierras de manera ilegal”, dijo Leonel. “Nos enfrentamos a la expulsión sistemática de las comunidades garífunas de sus tierras para que los extranjeros compren nuestras tierras para construir enormes hoteles.”

La lucha contra la migración

Para las comunidades garífunas, la defensa del territorio y la identidad es también una lucha contra las fuerzas que les impulsan a emigrar a Estados Unidos en busca de oportunidades.

“Cuando las comunidades no tienen el espacio para reproducir su cultura, por supuesto que emigran”, dijo Leonel.

Las comunidades también han comenzado a crear sus propios proyectos de desarrollo para crear oportunidades para sí mismos, incluyendo la creación de espacios autosuficientes en las tierras recuperadas donde cultivan casi todos los alimentos que necesitan y continúan con la tradición de la pesca. Para estas comunidades, la recuperación de la tierra supone también la defensa del derecho a la soberanía alimentaria y el derecho a la subsistencia como comunidad.

Three Garifuna men set off to fish from the beach in the community of Sambo Creek. (WNV/Jeff Abbott)

Tres hombres de Garifuna salen a pescar desde la playa en la comunidad de Sambo Creek. (WNV/Jeff Abbott)

“Nuestra visión no es la de comercializar nuestra tierra”, dijo Guillermo. “Más bien, estamos sembrando las semillas de los alimentos que necesitamos para comer.”

Las comunidades, junto con la OFRANEH, han trabajado para desarrollar proyectos que ofrecen oportunidades a su propia gente.

“Dado el éxodo masivo de mujeres, jóvenes y adolescentes a los Estados Unidos en los últimos dos años, la OFRANEH está trabajando en diversas áreas con el fin de proporcionar una opción de ingresos para el pueblo garífuna”, dijo David.

OFRANEH, la juventud garífuna y las organizaciones de mujeres han creado proyectos para ofrecer oportunidades. Los jóvenes se han movilizado para crear una granja de cerdos, una plantación de plátano y un criadero de tilapia. Según David, “se crearon estos proyectos con la intención de mantener a los jóvenes ocupados e interesados, y al mismo tiempo mantener las tierras.”

El grupo de mujeres se ha centrado en la siembra de alimentos como el arroz, los frijoles, los chiles y la yuca.

“La siembra de alimentos básicos ha disminuido a un ritmo alarmante debido a la proliferación de la plantación de monocultivos [como la palma africana]”, dijo David. “Por ello las mujeres se están centrando en el tema de la soberanía alimentaria y la seguridad alimentaria.”

Defensa legal de la tierra

Junto con la recuperación de tierras, las comunidades garífunas han utilizado convenciones nacionales e internacionales para la defensa de su territorio.

Las comunidades poseen seis títulos de propiedad de sus tierras territoriales; títulos de los que son propietarios todos los miembros de las comunidades de forma común por lo que es imposible vender extensiones individuales.

Pero a pesar de estos títulos de propiedad, el Estado y la agencia de la tierra hondureña han vendido sistemáticamente la tierra de las comunidades a los intereses internacionales. Las comunidades han señalado que estas ventas son ilegales.

Las comunidades también han invocado los derechos reconocidos a las comunidades indígenas en el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo. Honduras se adhirió al Convenio 169 en 1996. La convención establece que las comunidades indígenas deben ser consultadas antes de comenzar cualquier proyecto de desarrollo en sus tierras. El Convenio tiene como objetivo que las poblaciones indígenas puedan participar en las decisiones sobre el uso de sus territorios.

Sin embargo, en ningún momento se ha consultado a las comunidades garífunas sobre el uso de sus tierras. El Estado ha respondido que las comunidades no entran en los grupos protegidos por la Convención. Sin embargo, las comunidades han mantenido sus exigencias de ser consultados.

Generando puentes entre territorios

Las comunidades Garífunas se enfrentan a una situación sombría, pero han contactado con gente más allá de sus fronteras para pedir ayuda en su lucha por defender su territorio.

Las comunidades están trabajando para atraer el interés internacional a su difícil situación. Este movimiento de hondureños negros en concreto, está trabajando para crear uniones con el movimiento Black Lives Matter en los Estados Unidos.

“La relación con Black Lives Matter nació a raíz de una reunión sobre la migración y la cultura en Los Ángeles en abril de 2015”, dijo David. “Nos pusimos de acuerdo y decidimos que si las organizaciones negras se unen independientemente de nuestras fronteras, podremos lograr resultados. Cada vez que tengan un problema en su contra, nos declaramos en solidaridad con ellos. Y cada vez que nos pase algo a nosotros, ellos harán lo mismo. Estamos unificando nuestras voces.”

Traducido del inglés por Nayua Abdelkefi.

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